Por Diego Quesada y Yanancy Valladares
Educación y sociedad se constituyen como un binomio inseparable. La primera nace para responder las necesidades de la segunda y esta a su vez depende de la otra para su continuidad. Por esta razón, siempre existe un elemento político que determina la actividad educativa. Las autoridades, como representantes de todo lo que conforma al Estado, trabajan en crear sistemas políticos acorde a la sociedad donde se desenvuelven.
Así, el sistema educativo es altamente politizado. Lo importante es que su desempeño no se empañe al convertirse únicamente en una herramienta para consolidar el poder de un grupo reducido. Su función social se centra en ayudar al mejoramiento y perfeccionamiento del individuo y la sociedad en general.
Así, el sistema educativo es altamente politizado. Lo importante es que su desempeño no se empañe al convertirse únicamente en una herramienta para consolidar el poder de un grupo reducido. Su función social se centra en ayudar al mejoramiento y perfeccionamiento del individuo y la sociedad en general.



